La Cápsula Metálica - Capítulo II
Joan se despertó con la sensación de que aquel sería un día importante. Mientras se desperezaba, recordó las palabras que Andrew le dijo el día anterior:
-Han llamado de "arriba". Mañana tienes una cita con el Coronel Wattson. Creo que va a concretar los detalles de tu misión.
-¡Por fin! Ya me estaba impacientando. Tantos meses de entrenamiento sin saber el objetivo estaban empezando a ponerme nervioso.
Mientras se duchaba, imaginó cúal podría ser la tarea que iban a encomendarle: tal vez le encargasen infiltrarse entre los rebeldes del Sector Nueve. O quizá viajase a uno de los asentamientos en alguna luna de otro planeta para poner orden entre los díscolos colonos. Se le ocurrían un millón de destinos a los que podrían mandarle, pero para ninguno de ellos entendía la necesidad de llevarse a Ismael consigo. Estaba seguro de que ese chico le iba a traer problemas. Además, le ponían nervioso sus "cualidades extarasensoriales". Gracias a los pocos psíquicos que conocía, Joan sabía que éstos eran un tanto raros, pero a su parecer, Ismael sencillamente, era retrasado. Apenas hablaba, y cuando lo hacía, usaba frases extrañas que no parecían tener sentido. Sus índices de coordinación, velocidad y resistencia estaban solamente unos puntos por encima de la media federal. ¡Y en esa media se incluían incluso a las personas con deficiencias, tanto mentales como físicas!. Así que Joan había llegado a la conclusión de que Ismael era retrasado, un poco superior a la media, pero retrasado al fin y al cabo. Por eso le enojaba tanto que quisieran endosárselo para su Viaje. Iba a ser la niñera de un criajo tarado.
Cuando Ismael cruzó la puerta del gran edificio que constituía el Centro Federal para Misiones Estratégicas, se sintió muy pequeño. La gente allí se movía muy deprisa, como si todos tuviesen algo muy importante que hacer. Todos sabían hacia donde se dirigían, o al menos eso aparentaban, incluso Ismael conocía su destino: la oficina del Coronel Wattson. Pero intuía que no iba a ser tarea fácil llegar hasta allí. El vestíbulo era enorme, se extendía docenas de metros, con columnas a ambos lados. Era impresionante la altura de aquel edificio: las claraboyas que permitían la entrada de luz desde el techo eran insuficientes para alumbrar toda la instalación, de modo que cada cierto número de pisos, se habían practicado ventanales enormes con el fin de alumbrar toda la estancia. Sin embargo, resultaban claramente insuficientes, porque mirase donde mirase, Ismael podía ver enormes focos de luz totalmente blanca. Todo tenía un cierto toque fantasmal.
Mientras observaba la arquitectura del edificio, un hombre joven, vestido con un uniforme que le identificaba como "Guía del Ce-Fe-M-E" le preguntó por el motivo de su visita al Centro.
-Tengo una cita con el Coronel Wattson, pero...
No tuvo tiempo de terminar la frase. El hombre-guía accionó un interruptor en su comunicador de muñeca y antes de que pudiera darse cuenta, Ismael estaba siendo conducido a la oficina del Coronel. Dos hombres con uniforme militar le escoltaron a través de pasillos interminables, ascensores flotantes, pasillos otra vez y al fin, llegaron a una puerta, ante la cual se cuadraron uno a cada lado y uno de ellos dijo:
-Señor Torán, el Coronel le está esperando.
Con mano temblorosa, abrió la puerta del despacho. Lo que encontró al franquearla no le gustó en absoluto: Joan charlaba animadamente con el Coronel. Parecía que se conociesen desde hacía años. Cuando Ismael entró, ambos guardaron silencio hasta que al final, el Coronel dijo:
-Pase señor Torán, tome asiento.
El despacho del Coronel Wattson era sin duda alguna, la oficina más amplia que Ismael había visto en su vida. En el centro se encontraba la mesa de trabajo, que debía medir unos 7 metros de punta a punta. Dos pantallas ultra-finas de ordenador custodiaban al Coronel, que se sentaba entre ambas. En frente, se disponían tres sillas de cuero blanco con sendos reposabrazos, una de las cuales estaba ocupada por el Teniente Queralt. A su espalda, unos amplísimos ventanales iluminaban la estancia y permitían ver gran parte de la ciudad de un solo vistazo. Había también una mesa de reuniones en la que podrían discutir unos 30 contertulios de manera holgada. Por lo demás, las paredes estaban forradas de estanterías de maderas nobles, atestadas de carpetas repletas de documentos, al parecer, muy importantes y de alto secreto. La visión conjunta de la "discreta" oficina del Coronel, empequeñecía aún más a Ismael.
Al fin, el joven lanzó una mirada fugaz al Teniente y se sentó en la tercera silla, dejando una vacía entre ambos. El Coronel le miraba y sonreía.
-Parece que ya se conocen...
-Así es- respondió secamente Joan. -Disculpe mi impaciencia, señor, pero, ¿podríamos tratar el tema para el que hemos sido citados hoy, señor?
-¡Ah! Joan, siempre tan impulsivo, como cuando eras un niño y jugábamos a las peleas en casa de tus padres.
El Teniente Queralt carraspeó, mientras la cara de Ismael pasó de la indiferencia a la sorpresa. ¡Así que era eso! ¡La familia de Joan y el Coronel Wattson eran amigos! De ahí que charlasen amistosamente antes de su llegada.
-Como veo que le gusta ir al grano- continuó el Coronel, poniéndose serio- voy a dejar que cada uno de ustedes me haga una pregunta acerca de la misión. Así sabré qué detalles desconocen y cuáles son los rumores que han oído por ahí. Comencemos con usted, señor Torán, ¿cuál es su pregunta?
-¿Es totalmente necesario que yo participe en esta misión, señor?
La pregunta de Ismael hizo que el Coronel soltara una serie de sonoras carcajadas. Cuando recobró la compostura, le respondió:
-La respuesta corta es sí. La respuesta larga es que, como usted ya sabe, es el mejor psíquico del que disponemos en estos momentos, después del... ejem... "accidente" del Doctor Leonard. La presencia de un hiper-capacitado es fundamental para el éxito de la misión. Ni que decir tiene que su innegable talento con los idiomas también resultará beneficioso para el desarrollo de la misma. Por lo tanto, la respuesta a su pregunta es sí: es totalmente imprescindible que usted participe en la misión.
-Además- añadió guiñándole un ojo, mientras señalaba con la cabeza hacia su compañero- alguien tiene que calmar a este "despidado" Teniente...
Joan carraspeó de nuevo. Comenzaba a sentirse incómodo con esta situación tan familiar.
-Señor, en cuanto a mi pregunta- al ver que el Coronel asentía, prosiguió- me gustaría saber a dónde seremos enviados, señor.
-¿A dónde? Esa pregunta es irrelevante Teniente. Pregunte mejor ¿cuándo?.
-Tenía entendido que la misión comenzaría en unos pocos días, señor- replicó, confundido, Joan.
La mirada del Coronel Wattson se posó en los ojos abiertos de Ismael y éste comenzó a entender.
-No se refiere a la fecha en la que comenzará la misión, Teniente, sino a la fecha en la que se desarrollará.
-¿Cómo? Creo que no entiendo nada, señor- Joan comenzaba a impacientarse: no le gustaban los acertijos.
-Teniente Queralt, como supongo que ya habrá oído por ahí, su misión consiste en un viaje. Pero no es un viaje hacia otro destino, sino un viaje a otra época.- El Coronel hizo una pausa para que ambos reclutas pudieran digerir la noticia; luego continuó.- Hace nueve años comenzaron las excavaciones para edificar lo que ahora mismo contemplan sus ojos: el Centro Federal para Misiones Estratégicas. Durante esas excavaciones fue hallado un objeto, cuanto menos, curioso. Los operarios encontraron una Cápsula del Tiempo. Es un nombre un tanto espectacular para un objeto bastante más anodino: se trata de un recipiente metálico, herméticamente cerrado, formado por varias capas protectoras, cuyo objetivo principal es permanecer inalterable con el paso del tiempo. Dentro de esta cápsula se escondía un mensaje en el que había implícitas una serie de instrucciones que el Centro Federal para Misiones Estratégicas debía cumplir.
-¿Unas instrucciones que el centro federal debía cumplir, señor? ¿Cómo es posible que alguien enterrase un mensaje destinado al CeFeME antes de que estuvise ni siquiera edificado?- preguntó sorprendido Ismael.
-Eso es precisamente en lo que consiste su misión. Averigüenlo.
-Pero para ello, señor, deberíamos, cómo decirlo, "retroceder" en el tiempo, señor. Y hasta donde yo sé, ésto es imposible.- La sola idea de viajar en el tiempo ponía los pelos de punta a Joan.
-Eso es debido a que "hasta donde usted sabe" no es suficiente, Teniente. Nuestros compañeros de la Agencia para la Investigación y Desarrollo de Tecnologías de Vanguardia han fabricado un dispositivo capaz de manipular la elasticidad del tiempo.
-¡Pero eso es imposible, señor! ¡La elasticidad del tiempo tan sólo es posible en velocidades cercanas o superiores a las de la luz!- gritó Ismael. Comenzaba a sentirse mareado.
-Tanquilícese. Nuestros compañeros han conseguido recrear este efecto en reposo. Dicho de otra forma, y para que quede claro, disponemos de la tecnología necesaria para enviarles a través del tiempo, con total seguridad para ustedes, a la época que deseemos. Y por supuesto, traerles de vuelta con las mismas grantías de éxito. Pero ese no es el asunto que nos tiene aquí reunidos...
¡Cómo que ese no era el asunto que les tenía allí reunidos! Joan no pensaba que hubiera ningún asunto más importante en todo el mundo. ¿Iba a viajar en el tiempo? ¡Nadie le había dicho que tendría que viajar en el tiempo cuando aceptó la misión! Este asunto se estaba volviendo una locura.
-El cometido que deberán llevar a cabo una vez hayan llegado a su destino, será contactar con la persona o personas que enviaron el mensaje y averiguar todo lo que puedan: por qué lo enviaron, cómo sabían de la existencia del CeFeME, y lo más importante: qué significan las siglas A#319-C96.- El Coronel Wattson consultó su reloj; parecía estar esperando a alguien.
-¿Las siglas A#319-C96, señor?- preguntó Ismael.
En ese momento se oyeron varios golpes en la puerta del despacho.
-¡Ah! Mi querida doctora, pase, pase...
-Con su permiso, señor- dijo la doctora McGowan mientras cruzaba el umbral. La mirada confusa de Ismael se cruzó con la suya durante un breve instante.
-Señores, esta es la doctora McGowan. Forma parte del equipo médico de la misión. Aunque ya veo que se conocen. Lleva consigo una pieza clave para entender la situación en la que nos encontramos.
La doctora entregó a ambos reclutas una serie de documentos con los pormenores de la misión, así como una reproducción fotográfica de alta calidad del mensaje original hallado en la cápsula. Mientras el Coronel señalaba la reproducción del mensaje, dijo:
-Este, señores, es el motivo por el que se les ha reclutado para la misión. Han de encontrar a la persona o personas que dejaron este mensaje para que nosotros lo encontraramos...¡hace más de novecientos años!
-Han llamado de "arriba". Mañana tienes una cita con el Coronel Wattson. Creo que va a concretar los detalles de tu misión.
-¡Por fin! Ya me estaba impacientando. Tantos meses de entrenamiento sin saber el objetivo estaban empezando a ponerme nervioso.
Mientras se duchaba, imaginó cúal podría ser la tarea que iban a encomendarle: tal vez le encargasen infiltrarse entre los rebeldes del Sector Nueve. O quizá viajase a uno de los asentamientos en alguna luna de otro planeta para poner orden entre los díscolos colonos. Se le ocurrían un millón de destinos a los que podrían mandarle, pero para ninguno de ellos entendía la necesidad de llevarse a Ismael consigo. Estaba seguro de que ese chico le iba a traer problemas. Además, le ponían nervioso sus "cualidades extarasensoriales". Gracias a los pocos psíquicos que conocía, Joan sabía que éstos eran un tanto raros, pero a su parecer, Ismael sencillamente, era retrasado. Apenas hablaba, y cuando lo hacía, usaba frases extrañas que no parecían tener sentido. Sus índices de coordinación, velocidad y resistencia estaban solamente unos puntos por encima de la media federal. ¡Y en esa media se incluían incluso a las personas con deficiencias, tanto mentales como físicas!. Así que Joan había llegado a la conclusión de que Ismael era retrasado, un poco superior a la media, pero retrasado al fin y al cabo. Por eso le enojaba tanto que quisieran endosárselo para su Viaje. Iba a ser la niñera de un criajo tarado.
Cuando Ismael cruzó la puerta del gran edificio que constituía el Centro Federal para Misiones Estratégicas, se sintió muy pequeño. La gente allí se movía muy deprisa, como si todos tuviesen algo muy importante que hacer. Todos sabían hacia donde se dirigían, o al menos eso aparentaban, incluso Ismael conocía su destino: la oficina del Coronel Wattson. Pero intuía que no iba a ser tarea fácil llegar hasta allí. El vestíbulo era enorme, se extendía docenas de metros, con columnas a ambos lados. Era impresionante la altura de aquel edificio: las claraboyas que permitían la entrada de luz desde el techo eran insuficientes para alumbrar toda la instalación, de modo que cada cierto número de pisos, se habían practicado ventanales enormes con el fin de alumbrar toda la estancia. Sin embargo, resultaban claramente insuficientes, porque mirase donde mirase, Ismael podía ver enormes focos de luz totalmente blanca. Todo tenía un cierto toque fantasmal.
Mientras observaba la arquitectura del edificio, un hombre joven, vestido con un uniforme que le identificaba como "Guía del Ce-Fe-M-E" le preguntó por el motivo de su visita al Centro.
-Tengo una cita con el Coronel Wattson, pero...
No tuvo tiempo de terminar la frase. El hombre-guía accionó un interruptor en su comunicador de muñeca y antes de que pudiera darse cuenta, Ismael estaba siendo conducido a la oficina del Coronel. Dos hombres con uniforme militar le escoltaron a través de pasillos interminables, ascensores flotantes, pasillos otra vez y al fin, llegaron a una puerta, ante la cual se cuadraron uno a cada lado y uno de ellos dijo:
-Señor Torán, el Coronel le está esperando.
Con mano temblorosa, abrió la puerta del despacho. Lo que encontró al franquearla no le gustó en absoluto: Joan charlaba animadamente con el Coronel. Parecía que se conociesen desde hacía años. Cuando Ismael entró, ambos guardaron silencio hasta que al final, el Coronel dijo:
-Pase señor Torán, tome asiento.
El despacho del Coronel Wattson era sin duda alguna, la oficina más amplia que Ismael había visto en su vida. En el centro se encontraba la mesa de trabajo, que debía medir unos 7 metros de punta a punta. Dos pantallas ultra-finas de ordenador custodiaban al Coronel, que se sentaba entre ambas. En frente, se disponían tres sillas de cuero blanco con sendos reposabrazos, una de las cuales estaba ocupada por el Teniente Queralt. A su espalda, unos amplísimos ventanales iluminaban la estancia y permitían ver gran parte de la ciudad de un solo vistazo. Había también una mesa de reuniones en la que podrían discutir unos 30 contertulios de manera holgada. Por lo demás, las paredes estaban forradas de estanterías de maderas nobles, atestadas de carpetas repletas de documentos, al parecer, muy importantes y de alto secreto. La visión conjunta de la "discreta" oficina del Coronel, empequeñecía aún más a Ismael.
Al fin, el joven lanzó una mirada fugaz al Teniente y se sentó en la tercera silla, dejando una vacía entre ambos. El Coronel le miraba y sonreía.
-Parece que ya se conocen...
-Así es- respondió secamente Joan. -Disculpe mi impaciencia, señor, pero, ¿podríamos tratar el tema para el que hemos sido citados hoy, señor?
-¡Ah! Joan, siempre tan impulsivo, como cuando eras un niño y jugábamos a las peleas en casa de tus padres.
El Teniente Queralt carraspeó, mientras la cara de Ismael pasó de la indiferencia a la sorpresa. ¡Así que era eso! ¡La familia de Joan y el Coronel Wattson eran amigos! De ahí que charlasen amistosamente antes de su llegada.
-Como veo que le gusta ir al grano- continuó el Coronel, poniéndose serio- voy a dejar que cada uno de ustedes me haga una pregunta acerca de la misión. Así sabré qué detalles desconocen y cuáles son los rumores que han oído por ahí. Comencemos con usted, señor Torán, ¿cuál es su pregunta?
-¿Es totalmente necesario que yo participe en esta misión, señor?
La pregunta de Ismael hizo que el Coronel soltara una serie de sonoras carcajadas. Cuando recobró la compostura, le respondió:
-La respuesta corta es sí. La respuesta larga es que, como usted ya sabe, es el mejor psíquico del que disponemos en estos momentos, después del... ejem... "accidente" del Doctor Leonard. La presencia de un hiper-capacitado es fundamental para el éxito de la misión. Ni que decir tiene que su innegable talento con los idiomas también resultará beneficioso para el desarrollo de la misma. Por lo tanto, la respuesta a su pregunta es sí: es totalmente imprescindible que usted participe en la misión.
-Además- añadió guiñándole un ojo, mientras señalaba con la cabeza hacia su compañero- alguien tiene que calmar a este "despidado" Teniente...
Joan carraspeó de nuevo. Comenzaba a sentirse incómodo con esta situación tan familiar.
-Señor, en cuanto a mi pregunta- al ver que el Coronel asentía, prosiguió- me gustaría saber a dónde seremos enviados, señor.
-¿A dónde? Esa pregunta es irrelevante Teniente. Pregunte mejor ¿cuándo?.
-Tenía entendido que la misión comenzaría en unos pocos días, señor- replicó, confundido, Joan.
La mirada del Coronel Wattson se posó en los ojos abiertos de Ismael y éste comenzó a entender.
-No se refiere a la fecha en la que comenzará la misión, Teniente, sino a la fecha en la que se desarrollará.
-¿Cómo? Creo que no entiendo nada, señor- Joan comenzaba a impacientarse: no le gustaban los acertijos.
-Teniente Queralt, como supongo que ya habrá oído por ahí, su misión consiste en un viaje. Pero no es un viaje hacia otro destino, sino un viaje a otra época.- El Coronel hizo una pausa para que ambos reclutas pudieran digerir la noticia; luego continuó.- Hace nueve años comenzaron las excavaciones para edificar lo que ahora mismo contemplan sus ojos: el Centro Federal para Misiones Estratégicas. Durante esas excavaciones fue hallado un objeto, cuanto menos, curioso. Los operarios encontraron una Cápsula del Tiempo. Es un nombre un tanto espectacular para un objeto bastante más anodino: se trata de un recipiente metálico, herméticamente cerrado, formado por varias capas protectoras, cuyo objetivo principal es permanecer inalterable con el paso del tiempo. Dentro de esta cápsula se escondía un mensaje en el que había implícitas una serie de instrucciones que el Centro Federal para Misiones Estratégicas debía cumplir.
-¿Unas instrucciones que el centro federal debía cumplir, señor? ¿Cómo es posible que alguien enterrase un mensaje destinado al CeFeME antes de que estuvise ni siquiera edificado?- preguntó sorprendido Ismael.
-Eso es precisamente en lo que consiste su misión. Averigüenlo.
-Pero para ello, señor, deberíamos, cómo decirlo, "retroceder" en el tiempo, señor. Y hasta donde yo sé, ésto es imposible.- La sola idea de viajar en el tiempo ponía los pelos de punta a Joan.
-Eso es debido a que "hasta donde usted sabe" no es suficiente, Teniente. Nuestros compañeros de la Agencia para la Investigación y Desarrollo de Tecnologías de Vanguardia han fabricado un dispositivo capaz de manipular la elasticidad del tiempo.
-¡Pero eso es imposible, señor! ¡La elasticidad del tiempo tan sólo es posible en velocidades cercanas o superiores a las de la luz!- gritó Ismael. Comenzaba a sentirse mareado.
-Tanquilícese. Nuestros compañeros han conseguido recrear este efecto en reposo. Dicho de otra forma, y para que quede claro, disponemos de la tecnología necesaria para enviarles a través del tiempo, con total seguridad para ustedes, a la época que deseemos. Y por supuesto, traerles de vuelta con las mismas grantías de éxito. Pero ese no es el asunto que nos tiene aquí reunidos...
¡Cómo que ese no era el asunto que les tenía allí reunidos! Joan no pensaba que hubiera ningún asunto más importante en todo el mundo. ¿Iba a viajar en el tiempo? ¡Nadie le había dicho que tendría que viajar en el tiempo cuando aceptó la misión! Este asunto se estaba volviendo una locura.
-El cometido que deberán llevar a cabo una vez hayan llegado a su destino, será contactar con la persona o personas que enviaron el mensaje y averiguar todo lo que puedan: por qué lo enviaron, cómo sabían de la existencia del CeFeME, y lo más importante: qué significan las siglas A#319-C96.- El Coronel Wattson consultó su reloj; parecía estar esperando a alguien.
-¿Las siglas A#319-C96, señor?- preguntó Ismael.
En ese momento se oyeron varios golpes en la puerta del despacho.
-¡Ah! Mi querida doctora, pase, pase...
-Con su permiso, señor- dijo la doctora McGowan mientras cruzaba el umbral. La mirada confusa de Ismael se cruzó con la suya durante un breve instante.
-Señores, esta es la doctora McGowan. Forma parte del equipo médico de la misión. Aunque ya veo que se conocen. Lleva consigo una pieza clave para entender la situación en la que nos encontramos.
La doctora entregó a ambos reclutas una serie de documentos con los pormenores de la misión, así como una reproducción fotográfica de alta calidad del mensaje original hallado en la cápsula. Mientras el Coronel señalaba la reproducción del mensaje, dijo:
-Este, señores, es el motivo por el que se les ha reclutado para la misión. Han de encontrar a la persona o personas que dejaron este mensaje para que nosotros lo encontraramos...¡hace más de novecientos años!
CONTINUARÁ
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